
La sexta etapa comienza abandonando Castelo Branco por la N112 en dirección noroeste. Durante los primeros kilómetros la carretera atraviesa la periferia de la ciudad antes de dejar paso a un paisaje cada vez más abierto, donde predominan las suaves lomas, las explotaciones agrícolas y las extensas dehesas típicas de la Beira Baixa.
El firme se encuentra en buen estado y la calzada es amplia, permitiendo una conducción cómoda y relajada. Las curvas son amplias y enlazadas, con largas rectas que invitan a disfrutar del entorno sin complicaciones. A medida que dejamos atrás la ciudad, el tráfico disminuye notablemente y la carretera adquiere un carácter mucho más tranquilo.
La ruta atraviesa pequeñas localidades como Juncal do Campo y Salgueiro do Campo, dos pueblos agrícolas donde el ritmo de vida parece detenerse. Poco después pasaremos junto al Río Ocreza, uno de los principales cursos fluviales del interior de esta región, que discurre entre bosques mediterráneos y extensas zonas de cultivo.
Durante este primer tramo comenzaremos a apreciar la inmensidad del paisaje característico de la Beira Baixa, con grandes horizontes, encinares, olivares y campos abiertos que contrastan con las montañas recorridas durante la etapa anterior.
El tramo concluye en un cruce donde deberemos girar a la izquierda para incorporarnos a una carretera sin denominación oficial, a la que en A Rota 18 identificamos como carretera indeterminada.

Continuamos por esta carretera sin denominación que mantiene el excelente estado del firme y un trazado muy agradable para la conducción. La carretera serpentea suavemente entre pinares, pequeños bosques mediterráneos y zonas de matorral, alternando curvas amplias con breves rectas que permiten mantener un ritmo tranquilo.
Pronto atravesaremos las pequeñas aldeas de Pousafoles do Bispo y Grade, donde el ambiente rural sigue siendo el protagonista. Son núcleos tradicionales de la Beira Baixa, con viviendas de arquitectura popular y un entorno dominado por los bosques y las explotaciones agrícolas.
A medida que avanzamos, el paisaje se vuelve cada vez más verde. Los pinares acompañan prácticamente todo el recorrido y la carretera discurre entre suaves colinas, ofreciendo una conducción relajada y muy fluida, con escaso tráfico y buena visibilidad.
En los últimos kilómetros entraremos en Arenha de Cima, una pequeña localidad que conserva el encanto de los pueblos del interior portugués. Muy cerca de aquí se encuentra el Parque Natural do Tejo Internacional, uno de los espacios naturales protegidos más importantes de Portugal, que comenzaremos a bordear durante los próximos tramos de la etapa.
Al llegar al cruce en T deberemos girar a la izquierda para continuar la ruta.

Desde Arenha de Cima continuamos por la M548, una carretera secundaria estrecha pero con buen firme que se adentra de lleno en el paisaje forestal de la Beira Baixa. El tráfico es prácticamente inexistente y la sucesión de curvas suaves y pequeños cambios de rasante convierten este tramo en un auténtico placer para conducir.
La carretera atraviesa un entorno dominado por extensos pinares, encinares y manchas de matorral mediterráneo, alternando pequeñas zonas abiertas desde las que se obtienen bonitas panorámicas de las colinas que rodean la comarca. En primavera, los márgenes de la carretera se cubren de flores silvestres que aportan un colorido especial al paisaje.
Durante gran parte del recorrido rodaremos muy próximos al Parque Natural do Tejo Internacional, uno de los espacios naturales mejor conservados de Portugal, donde los bosques mediterráneos y los valles fluviales albergan una importante población de aves rapaces y una gran diversidad de fauna.
Poco antes de llegar al final del tramo entraremos en Sarzedas, una de las aldeas históricas del municipio de Castelo Branco. Merece la pena detenerse unos minutos para contemplar el Castillo de Sarzedas, una antigua fortificación medieval vinculada a la Orden del Temple que aún conserva parte de sus murallas y ofrece excelentes vistas sobre el valle.
En el cruce del centro de la localidad deberemos girar a la derecha para continuar la ruta.

Dejamos atrás Sarzedas por la N233 para afrontar un tramo corto pero muy agradable, rodeado de un paisaje dominado por encinas, alcornoques y pinares. La carretera mantiene un firme excelente y un trazado fluido, con curvas amplias y buena visibilidad que permiten disfrutar de la conducción desde el primer momento.
Durante estos kilómetros atravesaremos una de las zonas más características de la Beira Baixa, donde los bosques mediterráneos se alternan con pequeñas explotaciones agrícolas y dehesas. El tráfico suele ser muy escaso, por lo que resulta fácil mantener un ritmo constante mientras disfrutamos de la tranquilidad del entorno.
A nuestra izquierda queda muy próximo el Parque Natural do Tejo Internacional, un espacio protegido de enorme valor ecológico que seguiremos acompañando durante buena parte de esta etapa. Su paisaje de sierras suaves, barrancos y extensos bosques constituye uno de los grandes tesoros naturales del interior de Portugal.
Al llegar al cruce deberemos abandonar la N233 girando a la derecha para incorporarnos a una carretera sin denominación oficial, identificada en A Rota 18 como carretera indeterminada.

Abandonamos la carretera indeterminada para continuar por otra pequeña vía secundaria que se adentra en una de las zonas más tranquilas de la Beira Baixa. El firme sigue siendo bueno y la carretera, estrecha y muy poco transitada, enlaza curvas suaves con pequeños cambios de rasante que hacen la conducción especialmente entretenida.
El recorrido atraviesa un paisaje de pinares, encinares y matorral mediterráneo, alternando pequeños claros con zonas de bosque más cerrado. A lo largo del tramo también cruzaremos varios arroyos que descienden hacia el Río Ocreza, configurando un relieve suavemente ondulado que aporta variedad al recorrido.
Poco después pasaremos por Sobrainho da Ribeira, una pequeña aldea tradicional rodeada de naturaleza, antes de continuar entre bosques y fincas agrícolas. La ausencia casi total de tráfico permite disfrutar plenamente del silencio y de la sensación de aislamiento que caracteriza esta parte del interior portugués.
Los últimos kilómetros nos conducirán hasta Sobrainho dos Gaios, otra pequeña localidad rural situada muy cerca del Parque Natural do Tejo Internacional, cuyo entorno natural seguirá acompañándonos durante buena parte de la jornada.

Desde Sobrainho dos Gaios tomamos la M1309 para adentrarnos en un tramo claramente más serrano. La carretera es estrecha, el firme se mantiene en buen estado y las curvas aparecen prácticamente desde el primer momento, siguiendo las ondulaciones del terreno entre pinares, eucaliptos y laderas cubiertas de matorral.
La ruta avanza hacia Frega por una carretera muy entretenida, con pequeños cambios de rasante y curvas de radio medio que obligan a mantener la atención sin resultar exigentes. El tráfico es casi inexistente y el silencio del entorno acentúa la sensación de estar recorriendo una de las zonas más apartadas del municipio de Proença-a-Nova.
Tras atravesar Frega, la M1309 continúa hacia Herdade. En este punto la carretera gana todavía más protagonismo, describiendo varios giros cerrados mientras asciende y desciende entre suaves montes. Desde algunos claros del bosque se abren buenas vistas sobre los valles y las aldeas dispersas de la comarca.
Dejamos atrás Herdade para afrontar la parte más revirada del tramo. La carretera serpentea sin descanso entre vegetación mediterránea y pequeños barrancos, enlazando curvas con un ritmo muy natural para la moto. Es uno de esos recorridos en los que la conducción resulta más divertida que rápida, invitando a disfrutar de cada cambio de dirección.
Más adelante comenzamos el descenso hacia Alvito da Beira, una pequeña localidad rodeada de montañas y vegetación. Merece la pena fijarse en su caserío tradicional y en la Igreja Matriz de Alvito da Beira, principal referencia patrimonial de la población.
La carretera continúa después hacia Fómeas, manteniendo su trazado estrecho y sinuoso hasta alcanzar el núcleo donde comienza el siguiente tramo.

Este breve tramo comienza en Fómeas y sigue la M1308, una carretera secundaria que asciende inmediatamente por la ladera de la montaña. Aunque apenas supera los tres kilómetros de longitud, concentra una buena sucesión de curvas enlazadas que invitan a disfrutar de la conducción desde el primer metro.
El firme se encuentra en buen estado y la carretera gana altura rápidamente entre laderas cubiertas de matorral, pinos y eucaliptos. A medida que ascendemos se abren interesantes panorámicas sobre los valles recorridos en el tramo anterior y las montañas del entorno de Proença-a-Nova.
La parte central es la más divertida, con varias curvas de herradura y cambios de dirección que obligan a trabajar la moto, aunque siempre con buena visibilidad y un tráfico prácticamente inexistente.
Poco antes de finalizar el tramo alcanzaremos un cruce señalizado hacia Sobral Fernando y Oleiros. Nosotros deberemos girar a la izquierda para incorporarnos a la N351, donde dará comienzo el siguiente tramo.

Este tramo discurre íntegramente por la N351, una carretera de montaña de excelente firme que continúa ofreciendo una conducción muy entretenida. Aunque apenas supera los cuatro kilómetros, mantiene un trazado amplio y muy fluido, con curvas de radio medio perfectamente enlazadas que permiten disfrutar del recorrido con total confianza.
La carretera atraviesa una zona completamente forestal, dominada por pinares y eucaliptos que cubren las laderas de las montañas. A medida que avanzamos se suceden pequeños cambios de rasante y varios miradores naturales desde los que se obtienen amplias vistas sobre los valles de la Beira Baixa.
El tráfico suele ser muy escaso y la buena anchura de la calzada invita a mantener un ritmo constante, convirtiendo este corto recorrido en un agradable enlace entre dos de las zonas más montañosas de la etapa.
En los últimos metros alcanzaremos un importante cruce perfectamente señalizado. El panel direccional indica la continuidad hacia Proença-a-Nova, mientras que otro desvío permite acceder a la pequeña aldea de Vale da Ursa, una referencia habitual para quienes recorren esta zona del interior de la Beira Baixa.
Nosotros abandonaremos la N351 en ese enlace, girando a la derecha para incorporarnos a una carretera sin denominación, donde dará comienzo el siguiente tramo.

Abandonamos la carretera principal para incorporarnos a una estrecha vía sin denominación que nos conduce hacia Vale da Ursa. Desde los primeros metros el paisaje cambia por completo: desaparece la amplitud de la N351 y comenzamos a recorrer una carretera mucho más íntima, rodeada de pinares, olivos y laderas cubiertas de vegetación mediterránea.
El recorrido salva un pequeño puente antes de afrontar una sucesión de curvas muy cerradas y cambios de dirección que obligan a reducir el ritmo. El firme se mantiene en buen estado, aunque la calzada es bastante más estrecha, por lo que conviene disfrutar de este tramo con tranquilidad mientras ascendemos entre las suaves colinas que rodean la aldea.
Desde varios puntos del recorrido se obtienen amplias vistas sobre el valle y las montañas de los alrededores. Si levantamos la vista hacia las cumbres podremos distinguir un parque eólico, cuyas aerogeneradores destacan sobre el horizonte y sirven como referencia visual durante buena parte del ascenso.
La carretera continúa serpenteando entre olivares y pequeñas manchas de bosque hasta alcanzar las primeras casas de Vale da Ursa, una pequeña aldea del municipio de Proença-a-Nova que conserva el ambiente tranquilo y tradicional característico del interior de la Beira Baixa.

Atravesamos las últimas casas de Vale da Ursa por la estrecha M1322, una carretera local que apenas supera los ochocientos metros de longitud pero que mantiene el carácter tranquilo y rural de la aldea. Circulamos entre viviendas dispersas, pequeños huertos y jardines antes de abandonar definitivamente el núcleo urbano.
Enseguida el asfalto vuelve a adentrarse entre pinares y vegetación mediterránea. La carretera conserva una anchura reducida, aunque el firme se encuentra en buen estado y permite disfrutar de un corto pero agradable recorrido entre suaves curvas y ligeros cambios de rasante.
Apenas hay tráfico en este tramo, lo que refuerza la sensación de estar recorriendo carreteras secundarias poco transitadas del interior de Portugal. El paisaje alterna pequeñas fincas, eucaliptos y pinos, con claros desde los que se intuyen las ondulaciones del terreno que iremos recorriendo en los siguientes kilómetros.
Al final del tramo llegaremos a un cruce donde deberemos girar a la derecha para incorporarnos a otra carretera sin denominación y continuar nuestra ruta.

Abandonamos la carretera sin denominación para continuar por otra estrecha vía local que discurre entre pinares y laderas cubiertas de vegetación. El asfalto se mantiene en buen estado, aunque la calzada apenas permite el cruce cómodo de dos vehículos, por lo que conviene mantener un ritmo tranquilo y prestar atención en las curvas ciegas.
Durante buena parte del recorrido la carretera serpentea suavemente por un paisaje completamente forestal. A un lado y otro aparecen extensas masas de pinos y eucaliptos, mientras que entre los claros se abren bonitas panorámicas hacia las sierras que dominan esta zona del interior de Portugal. Es un tramo muy agradable para disfrutar de la conducción relajada y del silencio del entorno.
Las curvas se suceden sin excesiva dificultad, alternando pequeños descensos y falsos llanos que hacen la conducción entretenida. El tráfico suele ser prácticamente inexistente y la sensación de aislamiento aumenta a medida que nos alejamos de las últimas viviendas.
Al aproximarnos al final del tramo aparece un pequeño cruce giraremos a la izquierda para continuar ruta por la M529-2.

La M529-2 nos recibe con uno de los tramos más entretenidos de esta etapa. La carretera asciende y desciende entre las laderas de la sierra enlazando curvas de todos los radios, siempre sobre un asfalto en buen estado y con un ancho suficiente para disfrutar de una conducción fluida.
El entorno vuelve a estar dominado por pinares, eucaliptos y monte bajo, aunque en varios puntos la vegetación se abre dejando bonitas vistas sobre los valles que rodean Ribeira da Isna. Es una carretera muy poco transitada, ideal para saborear cada curva sin prisas y disfrutar del paisaje del interior de Portugal.
A medida que nos acercamos a Sarzedinha el trazado se suaviza y aparecen de nuevo algunas viviendas dispersas. Poco después la carretera comienza a mostrar un carácter más urbano, anunciando la proximidad de Proença-a-Nova, uno de los principales núcleos de esta comarca.
La entrada en la localidad resulta cómoda y bien señalizada, con una calzada más ancha y un tráfico algo más frecuente. Proença-a-Nova cuenta con un agradable casco urbano donde merece la pena detenerse unos minutos para pasear por sus calles, tomar un café o visitar el Centro Ciência Viva da Floresta, un espacio interactivo dedicado al bosque y al medio natural, muy ligado a la identidad de esta región.
El tramo finaliza al llegar a Proença-a-Nova, donde giraremos a la derecha para continuar por la N241.

Dejamos atrás Proença-a-Nova para recorrer un corto tramo por la N241. La salida de la localidad transcurre por una avenida amplia y bien asfaltada, con iluminación, aceras y un tráfico algo más intenso que en los kilómetros anteriores.
Enseguida abandonamos el casco urbano y la carretera recupera un ambiente mucho más tranquilo. El paisaje vuelve a estar dominado por pinares y suaves lomas cubiertas de vegetación, mientras el tráfico desaparece casi por completo. Aunque el recorrido es breve, resulta agradable y sirve de transición entre el entorno urbano y las carreteras secundarias que nos esperan a continuación.
En este tramo merece la pena saber que, muy cerca de aquí, se encuentra el Mirador de la Serra das Talhadas, uno de los balcones naturales más conocidos del municipio. Desde él se obtienen excelentes vistas sobre el paisaje forestal que rodea Proença-a-Nova y sobre buena parte del territorio que estamos recorriendo en esta etapa.
Al final del tramo encontraremos un cruce donde deberemos continuar recto para incorporarnos a la carretera M536, dando comienzo al siguiente tramo de la ruta.

Continuamos por la M536, una carretera secundaria que mantiene el excelente nivel de conducción de los últimos kilómetros. El trazado combina largas curvas enlazadas con pequeños cambios de rasante, siempre rodeado de pinares, eucaliptos y monte bajo característicos de esta comarca del centro de Portugal.
La carretera asciende suavemente entre laderas cubiertas de vegetación, ofreciendo de vez en cuando bonitas vistas sobre los valles cercanos. El firme se encuentra en muy buen estado y la anchura de la calzada permite disfrutar de una conducción cómoda y fluida, con un tráfico prácticamente inexistente.
Durante el recorrido atravesaremos pequeños núcleos rurales como Cimo do Vale y Alvito, donde aparecen algunas viviendas dispersas que rompen momentáneamente el predominio del paisaje forestal. Son aldeas tranquilas, integradas en un entorno donde el ritmo de vida parece transcurrir sin prisas.
En las inmediaciones de Chaveira merece la pena fijarse en el paisaje agrícola tradicional que rodea la localidad, formado por pequeñas parcelas, olivares y manchas de bosque mediterráneo. Muy cerca de aquí se encuentra también la Praia Fluvial da Fróia, una de las playas fluviales más conocidas de la región, un excelente lugar para refrescarse durante los meses de verano o hacer una pausa junto al agua.
El tramo finaliza al llegar a Chaveira, donde giraremos a la derecha dirección a Chaveininha .

Salimos de Chaveira por la M1263, una carretera local tranquila que atraviesa un paisaje típicamente beirão, donde se alternan pequeñas explotaciones agrícolas, olivares y suaves colinas cubiertas de pinos y eucaliptos. El asfalto presenta un buen estado y la calzada, de anchura media, permite disfrutar de una conducción relajada y muy fluida.
El recorrido enlaza largas rectas con curvas amplias y de buen radio, atravesando pequeñas aldeas como Casal de São Bento, Dos Codos o Cimo de Valongo. Son núcleos rurales de reducido tamaño, con viviendas tradicionales y un ambiente muy tranquilo que refleja perfectamente la vida del interior de Portugal.
A medida que avanzamos, el paisaje se abre por momentos dejando ver cultivos, pequeñas fincas y suaves lomas, mientras la carretera mantiene un trazado agradable que invita a disfrutar del entorno sin prisas. El tráfico continúa siendo escaso, algo habitual en esta parte de la ruta.
Muy cerca del recorrido se encuentra la Praia Fluvial da Aldeia Ruiva, una agradable zona de baño junto a la ribera, especialmente apreciada durante el verano por los habitantes de la comarca. Es una de esas pequeñas playas fluviales que forman parte de la identidad del centro de Portugal y que siempre merece la pena tener presentes si el tiempo acompaña.
El tramo concluye al llegar al cruce con la N244, donde nos incorporarnos a esta carretera nacional e iniciar el siguiente tramo de la ruta.

Nos incorporamos a la N244, una de las carreteras nacionales que vertebran esta región del centro de Portugal. Aunque su categoría es superior a las carreteras locales recorridas hasta ahora, mantiene un tráfico muy reducido y un trazado que resulta especialmente agradable para conducir en moto.
La carretera serpentea entre suaves lomas cubiertas de pinares, eucaliptos y monte bajo, enlazando curvas amplias con pequeños cambios de rasante sobre un asfalto en excelente estado. En algunos puntos atraviesa estrechos pasos excavados entre afloramientos rocosos, aportando variedad al paisaje y haciendo el recorrido todavía más atractivo.
A medida que avanzamos aparecen pequeñas aldeas como Panesco y Vale da Cortiçada, donde la carretera atraviesa un entorno rural formado por viviendas dispersas y pequeñas explotaciones agrícolas. Son poblaciones tranquilas que conservan el carácter tradicional de esta parte del interior portugués.
Muy cerca del recorrido se encuentra el Miradouro de São Macário, un excelente balcón natural desde el que se obtienen amplias vistas sobre las sierras y los valles de la comarca. Si dispones de tiempo, merece la pena desviarse unos minutos para disfrutar de una de las panorámicas más representativas de esta zona.
El tramo finaliza al llegar al cruce con la histórica N2. En la intersección deberemos girar a la izquierda para incorporarnos a esta mítica carretera portuguesa y continuar nuestro viaje hacia el sur.

Tras incorporarnos a la legendaria N2, apenas recorreremos un kilómetro por una de las carreteras más emblemáticas de Portugal. Conocida por unir el norte y el sur del país a lo largo de más de 700 kilómetros,.
Este breve tramo atraviesa las afueras de Cumeada, donde la presencia de algunas empresas y viviendas anuncia un entorno algo más habitado que el de los kilómetros anteriores. El asfalto se mantiene en perfecto estado y la circulación continúa siendo fluida, permitiendo disfrutar de la conducción sin dificultad.
Aunque solo compartimos unos instantes con la N2, merece la pena saborear el momento. Para muchos aficionados a las dos ruedas es una carretera de referencia, comparable a la Route 66 estadounidense, y recorrer aunque sea un pequeño tramo forma parte de la experiencia de viajar por el interior de Portugal.
Al final del recorrido abandonaremos la N2 girando a la derecha para entrar en Cumeada, donde continuaremos por carreteras locales en busca del siguiente tramo de la ruta.

Circulamos ahora por la M534-1, una carretera local que recupera de inmediato el ambiente tranquilo y rural que caracteriza esta etapa. El asfalto se encuentra en buen estado y la calzada, de anchura media, enlaza curvas suaves con pequeñas rectas entre un paisaje dominado por pinares, olivares y campos de cultivo.
El recorrido atraviesa varias aldeas de reducido tamaño, como Casal da Fontana, Castanheiro Grande, Valongo y Palhais, donde la carretera discurre junto a viviendas tradicionales, pequeños huertos y antiguas construcciones de piedra que conservan el carácter auténtico del interior portugués.
Fuera de los núcleos habitados vuelve a imponerse el silencio. Las suaves ondulaciones del terreno y la escasa circulación convierten este tramo en un recorrido relajado, perfecto para disfrutar del paisaje sin prisas mientras la carretera serpentea entre manchas de bosque mediterráneo y pequeñas explotaciones agrícolas.
Muy cerca del recorrido se encuentra la Ribeira da Isna, un pequeño curso de agua que da nombre al valle y que contribuye a mantener el verdor de esta zona. En primavera, los márgenes de la carretera suelen llenarse de flores silvestres, aportando todavía más color al paisaje.
El tramo finaliza al llegar a Palhais, donde continuaremos la ruta habiendo recorrido ya 122 km de esta etapa de interior.

Continuamos por la M534, una de las carreteras más atractivas de esta etapa. La calzada, estrecha pero con un firme en buen estado, se retuerce entre las laderas de un profundo valle ofreciendo un trazado muy entretenido, con curvas continuas, cambios de rasante y un tráfico prácticamente inexistente. Es un tramo para disfrutar del pilotaje sin perder de vista el paisaje.
Durante varios kilómetros la carretera acompaña el curso del río Isna, que aparece una y otra vez junto al asfalto formando pequeñas presas y tranquilas láminas de agua que rompen el predominio del bosque. Los miradores naturales que ofrecen algunas curvas permiten contemplar el valle cubierto de pinares y eucaliptos, uno de los paisajes más bonitos de esta jornada.
El recorrido pasa junto a pequeños núcleos rurales como Quinta, Porto Carto y Roda de Estrada, donde unas pocas viviendas dispersas recuerdan que seguimos atravesando una de las zonas menos pobladas del centro de Portugal. El ambiente continúa siendo tranquilo y muy auténtico.
Este sector forma parte de la cuenca del río Isna, cuyas aguas alimentan varios embalses de la región. En las fotografías puede apreciarse uno de estos remansos, un rincón especialmente agradable que aporta un bonito contraste entre el azul del agua y el verde de las laderas.
El tramo concluye al entrar en Roda de Estrada, donde seguiremos la ruta incorporándonos nuevamente a una carretera nacional.

Abandonamos Roda de Estrada por la N238, una carretera de buen firme que pronto vuelve a adentrarse en un entorno completamente natural. Durante los primeros kilómetros la vía atraviesa extensos bosques de pinos y eucaliptos, enlazando curvas amplias y muy fluidas que invitan a mantener un ritmo alegre sin apenas encontrar tráfico.
La carretera serpentea entre las laderas del valle mientras se suceden pequeños descensos y ascensos. El paisaje resulta cada vez más montañoso y, a medida que avanzamos, comienzan a aparecer magníficas panorámicas sobre las aguas del embalse de Castelo de Bode, uno de los mayores embalses de Portugal y uno de los grandes protagonistas de esta etapa.
En la parte final del recorrido la N238 discurre muy cerca de la orilla, permitiendo disfrutar de espectaculares vistas sobre el embalse. El contraste entre el azul del agua, las montañas cubiertas de bosque y la sinuosa carretera convierte este tramo en uno de los más atractivos para cualquier motorista.
La ruta cruza uno de los brazos del embalse por un largo puente que ofrece una magnífica perspectiva del paisaje. Merece la pena reducir ligeramente la velocidad para contemplar este rincón, especialmente en los días despejados, cuando las aguas reflejan las laderas que lo rodean.
El tramo finaliza en Vale Serrão, donde continuaremos la ruta siguiendo hacia una carretera sin nombre.

Dejamos atrás Vale Serrão para continuar por una carretera local que, durante unos kilómetros, acompaña las orillas del espectacular embalse de Castelo de Bode. El asfalto mantiene un buen estado y el trazado enlaza curvas continuas siguiendo el perfil del terreno, ofreciendo un recorrido muy entretenido y con un tráfico prácticamente inexistente.
Las vistas sobre el embalse son constantes. En algunos puntos la carretera discurre muy próxima al agua, mientras que en otros gana algo de altura, permitiendo contemplar la sucesión de entrantes y penínsulas que caracterizan este enorme lago artificial. Es uno de esos lugares en los que cuesta evitar detenerse unos minutos para disfrutar del paisaje.
Poco a poco abandonamos la ribera y nos acercamos a las primeras casas de Castanheira de Pera. El entorno cambia progresivamente: los bosques dan paso a pequeñas zonas residenciales y urbanizaciones dispersas antes de entrar en la población.
Castanheira de Pera es una localidad conocida por su estrecha relación con el agua y la naturaleza. Muy cerca se encuentra la popular Praia Fluvial do Poço Corga, una de las playas fluviales más conocidas del centro de Portugal, un lugar muy frecuentado durante el verano y una excelente opción para hacer una pausa si se dispone de tiempo.
Con 150 km recorridos llegamos a un cruce en forma de T donde giraremos a la derecha.

Continuamos por la M520 recorriendo los últimos kilómetros de Castanheira de Pera. La carretera mantiene un firme impecable y un trazado amplio y cómodo, dejando atrás el casco urbano para dirigirse hacia las pequeñas poblaciones situadas en las afueras.
En este breve recorrido el paisaje cambia rápidamente. Las últimas viviendas dan paso a un entorno mucho más abierto, donde vuelven a aparecer los pinares y las suaves colinas características de esta comarca. La circulación es tranquila y apenas encontraremos tráfico.
Un detalle curioso de este tramo es el paso bajo la A13, la autovía que conecta esta zona del centro de Portugal con Coimbra y el sur del país. Mientras nosotros seguimos disfrutando de una carretera secundaria mucho más agradable para viajar en moto, la gran infraestructura queda completamente integrada en el paisaje.
Tras apenas un par de kilómetros alcanzamos Cabaços, una pequeña localidad situada a las afueras de Castanheira de Pera, donde continuaremos la ruta siguiendo la N356.

Salimos de Cabaços por la N356, una carretera nacional de excelente firme que atraviesa una sucesión de pequeñas aldeas y zonas agrícolas. El trazado alterna largas rectas con curvas suaves, lo que permite disfrutar de una conducción relajada mientras el paisaje va cambiando poco a poco.
La ruta enlaza pequeñas localidades como Venda do Preto, Sobrachão, Zambujal, Carrasqueira y Feteiras, todas ellas rodeadas de pinares, campos de cultivo y viviendas dispersas que conservan el carácter rural de esta comarca del centro de Portugal.
Aunque la carretera resulta mucho más abierta que los tramos de montaña recorridos anteriormente, continúa ofreciendo un entorno muy agradable para viajar en moto. Las suaves ondulaciones del terreno permiten disfrutar de amplias vistas sobre las colinas cercanas, mientras el tráfico sigue siendo muy escaso.
En las proximidades de Feteiras aparecen varios cruces perfectamente señalizados hacia otras pequeñas poblaciones de la zona, reflejando la densa red de carreteras locales que comunica todas estas aldeas. Es una buena muestra de cómo el recorrido evita las vías principales para descubrir el Portugal más auténtico.
El tramo finaliza al llegar a Freixianda, una tranquila villa perteneciente al municipio de Ourém, donde continuaremos la ruta adentrándonos en nuevas carreteras del interior portugués.

Abandonamos Freixianda por la M502, una carretera local de buen firme que atraviesa una sucesión de pequeñas aldeas rodeadas de huertas, prados y bosquetes. El trazado es tranquilo, con curvas muy suaves y escaso tráfico, perfecto para disfrutar del ambiente rural de esta parte del municipio de Ourém.
Durante el recorrido atravesamos núcleos como São Miguel, Besteiros y Camarões, donde predominan las viviendas tradicionales, los pequeños campos de cultivo y las explotaciones ganaderas. Es un tramo corto, pero muy representativo del Portugal interior, donde la vida sigue ligada al campo.
Las imágenes muestran precisamente esa transición entre las calles de las aldeas y los espacios abiertos. No es raro encontrar praderas con ganado pastando junto a la carretera, un detalle que aporta aún más autenticidad al recorrido y recuerda la importancia de la actividad agrícola y ganadera en la zona.
La carretera mantiene un trazado cómodo y relajado, enlazando las diferentes poblaciones sin dificultades y ofreciendo una conducción agradable antes de afrontar los siguientes kilómetros de la etapa.
El tramo finaliza en Farrio, donde continuaremos la ruta por la siguiente carretera local.

Desde Farrio tomamos una carretera local que mantiene el excelente nivel de firme de los últimos kilómetros y atraviesa un paisaje típicamente rural. El recorrido enlaza suaves curvas entre pinares, eucaliptos, olivares y pequeñas explotaciones agrícolas, alternando continuamente zonas boscosas con aldeas de reducido tamaño.
La ruta pasa por núcleos como Louriço, Casal dos Bernardos, Vales, Outeiro, Valongo da Pedreneira y Pousia, donde predominan las viviendas tradicionales, las pequeñas huertas y la tranquilidad propia del interior portugués. Es un tramo muy agradable para rodar sin prisas, disfrutando del paisaje y del escaso tráfico.
El trazado resulta variado y entretenido, con continuos cambios de dirección pero sin grandes desniveles. La carretera se adapta al relieve enlazando curvas de radio medio que permiten mantener un ritmo fluido mientras el entorno alterna bosques con pequeñas zonas de cultivo.
Durante el recorrido cruzamos también la línea ferroviaria del Ramal de Alfarelos, una de las conexiones ferroviarias que enlazan esta comarca con la red principal portuguesa, un pequeño detalle que rompe momentáneamente el carácter completamente rural del trayecto.
El tramo finaliza al llegar a Casal da Amieira, donde continuaremos nuestra ruta por las carreteras locales del municipio de Ourém.

Este breve tramo discurre íntegramente por la M1012, atravesando la localidad de Resouro. La carretera mantiene un buen firme y un trazado cómodo, con amplias rectas y ligeras curvas que permiten cruzar la población de forma tranquila.
Durante todo el recorrido rodamos entre las calles de Resouro, dejando a ambos lados viviendas unifamiliares, pequeños comercios, naves de la zona industrial y otros edificios propios de una población residencial del interior de Portugal. Es un tramo completamente urbano, aunque con una circulación generalmente muy fluida.
Aunque apenas supera los dos kilómetros de longitud, este recorrido sirve como transición entre las carreteras rurales de los tramos anteriores y las que nos esperan a continuación, manteniendo siempre el ambiente relajado que caracteriza esta etapa.
El tramo finaliza al llegar aResouro, donde continuaremos la ruta por otra de esas vías sin nombre.

Abandonamos Resouro por una carretera local que recupera enseguida el ambiente rural. El firme se encuentra en buen estado y el trazado enlaza suaves curvas entre pinares y pequeñas colinas, ofreciendo una conducción relajada y muy agradable.
Durante el recorrido atravesamos pequeños núcleos como Vale da Mata, Casais Monizes y Rua dos Arios, donde las viviendas tradicionales se alternan con zonas de cultivo y parcelas forestales. Es un paisaje muy representativo de esta comarca, en el que la carretera va uniendo discretamente unas aldeas con otras.
En algunos puntos aún pueden apreciarse zonas de monte que muestran las huellas de antiguos incendios forestales, algo relativamente frecuente en esta región del centro de Portugal. Poco a poco, la vegetación vuelve a ganar terreno y el bosque recupera su protagonismo.
Los últimos kilómetros nos acercan a Espite, una pequeña localidad de calles tranquilas y casas de arquitectura tradicional. La carretera atraviesa el casco urbano sin dificultad, manteniendo siempre un tráfico muy reducido.

Salimos de Espite por la N349, una carretera amplia y bien asfaltada que atraviesa un entorno de pinares y suaves lomas. El tráfico suele ser escaso, lo que permite disfrutar de una conducción tranquila mientras la carretera describe amplias curvas y ligeros cambios de rasante.
Durante buena parte del recorrido el paisaje es eminentemente forestal, con masas de pinos alternándose con pequeños claros y algunas viviendas dispersas. Es un tramo corto pero agradable, ideal para mantener un ritmo constante mientras se avanza hacia el siguiente núcleo de población.
Con casi la mitad de la etapa recorrida Memória, donde abandonaremos la N349 para continuar por la N350..

Abandonamos Memória para incorporarnos a la N350, una carretera secundaria de buen firme que atraviesa un entorno tranquilo de pinares y suaves colinas. El tráfico es prácticamente inexistente y la anchura de la calzada permite disfrutar de una conducción relajada, enlazando curvas amplias y bien trazadas.
El recorrido discurre entre pequeñas masas forestales y zonas abiertas donde el paisaje deja ver las ondulaciones del terreno. La carretera mantiene un trazado muy agradable, alternando ligeras subidas y bajadas con curvas de radio medio que invitan a mantener un ritmo fluido sin apenas interrupciones.
A medida que nos acercamos a Lagoa de Pedra aparecen de nuevo algunas viviendas dispersas y el entorno se vuelve ligeramente más habitado. La N350 continúa siendo una carretera cómoda y bien conservada, ideal para disfrutar del paisaje mientras nos aproximamos al siguiente núcleo.
El tramo finaliza al llegar a Lagoa de Pedra, donde continuaremos la ruta por la misma carretera hacia el siguiente sector del recorrido.

Salimos de Lagoa de Pedra por la N357, una carretera nacional de buen firme que pronto se adentra en un entorno dominado por el pinar. El trazado combina largas rectas con suaves curvas, permitiendo mantener una conducción cómoda y constante mientras el paisaje se abre entre extensas masas forestales.
Durante buena parte del recorrido atravesamos una zona donde el monte muestra todavía las huellas de antiguos incendios. Los troncos ennegrecidos contrastan con los primeros brotes de vegetación que comienzan a recuperar el terreno, ofreciendo una imagen que recuerda la capacidad de la naturaleza para renacer con el paso del tiempo.
A medida que nos aproximamos a Caranguejeira, el bosque va dejando paso a las primeras viviendas dispersas y a un entorno cada vez más urbano. La carretera mantiene un trazado agradable y amplio hasta la entrada de la localidad, donde conviene moderar la velocidad y prestar atención al tráfico local.
El tramo finaliza en Caranguejeira, desde donde continuaremos la ruta hacia el siguiente sector del recorrido.

Abandonamos Caranguejeira por la N350 en dirección a Leiria. La carretera mantiene un excelente firme y un trazado muy fluido, alternando pequeñas zonas urbanas con espacios abiertos y suaves colinas. A medida que nos acercamos a la capital del distrito el tráfico aumenta progresivamente y comienzan a aparecer rotondas, enlaces y avenidas de acceso a la ciudad.
Con algo más de 200 kilómetros recorridos, alcanzamos prácticamente la mitad de esta etapa. Es un buen momento para hacer una pausa y recuperar fuerzas, ya que Leiria ofrece una amplia oferta de restaurantes, cafeterías y todos los servicios necesarios antes de afrontar la segunda parte de la jornada.
La ciudad merece además una visita pausada. Su principal símbolo es el Castillo de Leiria, una imponente fortaleza medieval que domina la población desde lo alto de la colina y ofrece magníficas vistas del valle del río Lis. A sus pies se extiende un agradable casco histórico con calles comerciales, plazas, iglesias y numerosos rincones donde detenerse unos minutos. También merece la pena acercarse al Jardín Luís de Camões o pasear junto al río, una de las zonas más animadas de la ciudad.

Dejamos atrás Leiria por la N242, una carretera amplia y bien acondicionada que permite abandonar la ciudad con rapidez. Durante los primeros kilómetros atravesamos la zona periurbana, alternando rotondas y enlaces con tramos de doble carril antes de que el tráfico vaya disminuyendo y el paisaje recupere un carácter mucho más natural.
La carretera atraviesa una extensa masa forestal perteneciente al histórico Pinhal de Leiria, uno de los bosques más emblemáticos de Portugal. Este inmenso pinar fue mandado plantar por el rey Dom Dinis a finales del siglo XIII para proteger las dunas del litoral y, siglos después, proporcionó gran parte de la madera empleada en la construcción de las carabelas de los Descubrimientos portugueses. Circular entre estos pinares es hacerlo por un lugar con una enorme importancia histórica para el país.
El trazado resulta cómodo y muy fluido, con largas rectas y curvas abiertas que permiten disfrutar de una conducción relajada. El excelente estado del firme y la escasa dificultad convierten este tramo en un agradable enlace entre las dos ciudades.
El tramo finaliza en Marinha Grande, conocida internacionalmente por su tradición en la industria del vidrio. Si dispones de tiempo, merece la pena visitar el Museo del Vidrio, ubicado en el Palacio Stephens, donde se explica la historia de una actividad que ha marcado el desarrollo económico y cultural de la ciudad desde el siglo XVIII.

Dejamos atrás Marinha Grande para tomar la N242-2, una carretera que atraviesa el inmenso Pinhal de Leiria en dirección al océano Atlántico. El firme es excelente y el trazado combina largas rectas con suaves curvas, permitiendo disfrutar de una conducción relajada entre interminables pinares que acompañan prácticamente todo el recorrido.
Poco a poco el aire comienza a impregnarse del aroma del mar y el paisaje anuncia la proximidad de la costa. Tras abandonar el bosque aparece São Pedro de Moel, una de las localidades costeras con más encanto del centro de Portugal, situada sobre un espectacular tramo de acantilados frente al Atlántico.
Uno de los grandes protagonistas del lugar es el Farol de Penedo da Saudade, un elegante faro inaugurado en 1912 que se alza sobre los acantilados ofreciendo una de las panorámicas más espectaculares de toda la costa portuguesa. Desde su entorno pueden contemplarse las olas rompiendo contra las rocas, un paisaje salvaje que invita a detener la moto unos minutos y disfrutar de las vistas.
Si el tiempo acompaña, merece la pena acercarse al mirador junto al faro o pasear por la costa antes de continuar la ruta. São Pedro de Moel es uno de esos lugares que justifican por sí solos el desvío hacia el litoral.
El tramo finaliza en São Pedro de Moel, donde la ruta continuará siguiendo la línea de la costa atlántica en dirección sur.

Abandonamos São Pedro de Moel para recorrer uno de los tramos más espectaculares de toda la jornada. Durante los primeros kilómetros la carretera discurre muy próxima al océano Atlántico, alternando suaves curvas con largas rectas que permiten disfrutar continuamente del paisaje costero. El firme es excelente y la conducción resulta muy agradable.
La ruta pasa junto a algunos de los rincones más conocidos de la costa centro de Portugal. A la altura de Paredes da Vitória merece la pena detenerse unos minutos para contemplar la extensa playa y los acantilados que la rodean. Poco después llegamos a Nazaré, uno de los pueblos marineros más famosos del país, conocido mundialmente por las gigantescas olas del Cañón de Nazaré, capaces de superar los treinta metros de altura y escenario habitual de récords mundiales de surf.
Antes de abandonar la costa es muy recomendable acercarse al Forte de São Miguel Arcanjo, situado sobre el promontorio que domina el cañón submarino. Desde este histórico fuerte se obtienen unas vistas extraordinarias del océano, del faro rojo que corona el acantilado y de la inmensa playa de Nazaré. Es uno de esos lugares que cualquier viajero recuerda mucho tiempo después de haber pasado por él.
Tras dejar atrás Nazaré, la ruta continúa hacia el sur alternando pequeños núcleos costeros, zonas agrícolas y extensos pinares. La carretera mantiene un trazado muy fluido, con curvas amplias y escaso tráfico, permitiendo disfrutar plenamente de la conducción mientras nos alejamos poco a poco del litoral.
Con casi 300 kilómetros recorridos, afrontamos ya el último cuarto de la etapa. El tramo finaliza en el cruce con la M573, donde giraremos a la derecha para continuar la ruta por el interior.

Tomamos la M573 para abandonar la costa y adentrarnos de nuevo en un entorno dominado por los pinares y la vegetación atlántica. La carretera es estrecha, de buen firme y muy agradable para la conducción, enlazando curvas suaves mientras acompaña durante unos kilómetros a la lámina de agua de la Lagoa de Óbidos, una de las mayores lagunas costeras de Portugal.
El paisaje alterna pequeñas zonas boscosas con claros desde los que se obtienen bonitas vistas de la laguna. El escaso tráfico y el agradable trazado convierten este corto tramo en un enlace muy entretenido para disfrutar de la moto antes de regresar al interior.
Tras abandonar el entorno de la laguna, la carretera asciende suavemente entre pinares hasta alcanzar una amplia rotonda que distribuye el tráfico hacia diferentes direcciones.
El tramo finaliza en una rotonda de cinco salidas. Debemos tomar la cuarta salida para incorporarnos a la M603 y continuar la ruta.

Desde la rotonda nos incorporamos a la M603, una carretera secundaria que vuelve a acercarnos al litoral. El firme se encuentra en muy buen estado y el trazado combina curvas amplias con suaves cambios de rasante, atravesando un paisaje de pinares y matorral atlántico donde el tráfico suele ser muy escaso.
Con los 300 kilómetros ya superados, afrontamos la recta final de esta larga etapa. La carretera ofrece una conducción relajada y muy entretenida, permitiendo disfrutar del entorno antes de regresar nuevamente junto al océano.
En los últimos kilómetros aparecen las primeras viviendas de la costa y, al coronar una pequeña loma, vuelven a abrirse las vistas hacia el Atlántico. El azul del mar reaparece en el horizonte mientras descendemos hacia una tranquila urbanización situada junto a los acantilados, un magnífico anticipo de los paisajes que todavía nos esperan.
El tramo finaliza en un cruce con una carretera sin denominación, desde donde continuaremos la ruta siguiendo el litoral portugués.

Este tramo comienza abandonando la pequeña urbanización costera para poner rumbo al norte siguiendo carreteras secundarias que alternan suaves curvas y largas rectas. El océano Atlántico permanece muy cerca durante los primeros kilómetros y, de forma puntual, vuelve a dejarse ver entre las dunas y la vegetación litoral, ofreciendo agradables panorámicas sobre la costa.
La ruta atraviesa la localidad de Baleal, uno de los lugares más conocidos del litoral portugués. Esta pequeña península es un auténtico paraíso para los aficionados al surf gracias a sus extensas playas y a la fuerza constante del Atlántico. Si dispones de tiempo, merece la pena acercarse hasta el extremo del cabo para contemplar los acantilados y las vistas sobre el océano.
Continuamos hacia el interior atravesando pequeñas aldeas y zonas residenciales hasta llegar a Ferrel, donde destaca la curiosa escultura del caballo que da la bienvenida a la localidad. A partir de aquí la carretera gana anchura y nos conduce con rapidez hacia el entorno urbano de Peniche.
Los últimos kilómetros transcurren por avenidas más amplias y con mayor presencia de tráfico, aunque mantienen una conducción cómoda y fluida. Poco a poco nos alejamos del ambiente costero para finalizar este largo tramo en Geraldes, tras haber recorrido 324 kilómetros desde el inicio de la etapa.
El tramo finaliza al llegar a Geraldes, donde enlazaremos con la siguiente carretera para continuar la ruta.

Abandonamos Geraldes por la N247 para afrontar un tramo corto, cómodo y muy rápido. La carretera presenta un buen firme, dos carriles amplios y un trazado prácticamente rectilíneo, permitiendo mantener un ritmo de conducción relajado mientras atravesamos una extensa zona agrícola salpicada de pequeñas explotaciones y viviendas dispersas.
El paisaje cambia respecto a los kilómetros anteriores junto al mar. Aquí predominan los campos de cultivo abiertos, con amplios horizontes y escasas curvas, convirtiendo este tramo en un agradable enlace antes de regresar a carreteras más sinuosas.
A lo largo del recorrido pasamos junto a pequeños núcleos como Casal do Alto, Casal da Murta y Casal de Vale de Adares, donde la carretera continúa siendo la protagonista, sin complicaciones ni cruces relevantes.
Tras completar 330 kilómetros desde el inicio de la etapa alcanzamos Seixal, finalizando este breve tramo.

Dejamos atrás Seixal para continuar por una carretera secundaria que discurre muy cerca del litoral atlántico. El firme continúa siendo excelente y la vía, de anchura media, enlaza una sucesión de pequeñas localidades costeras mediante un recorrido cómodo y agradable, ideal para disfrutar de la conducción sin prisas.
La ruta atraviesa los núcleos de Areia Branca, Casais do Perasque, Casaleiros, Valmitão y Atalaia, donde alternamos pequeños tramos urbanos con zonas abiertas entre campos de cultivo y viviendas dispersas. El tráfico suele ser escaso y el ambiente conserva el carácter tranquilo de esta franja litoral portuguesa.
Durante varios kilómetros el océano permanece muy próximo a nuestra derecha, aunque en ocasiones queda oculto tras las dunas y las edificaciones. Aun así, la brisa marina y el paisaje costero nos acompañan prácticamente durante todo el recorrido.
El tramo finaliza en Casais de Santa Bárbara, donde enlazaremos con el siguiente recorrido para continuar avanzando hacia el sur siguiendo la línea del Atlántico.

Continuamos por la M625, una carretera secundaria de buen firme que mantiene un trazado sencillo y fluido mientras enlaza las pequeñas localidades del litoral oeste portugués. Se trata de un tramo corto, ideal para disfrutar de una conducción relajada, alternando suaves rectas con amplias curvas entre zonas residenciales y campos de cultivo.
La ruta atraviesa los núcleos de Casais de Santa Bárbara, Casal da Fonte, Ramalhal, Casal Moinho do Bom y Forte, siempre muy cerca de la costa atlántica. Aunque el mar apenas se deja ver desde la carretera, su proximidad se hace notar en el ambiente y en el paisaje, donde las construcciones bajas se mezclan con terrenos agrícolas y pequeñas explotaciones.
El tráfico suele ser escaso y la carretera invita a mantener un ritmo tranquilo mientras nos acercamos a Maceira, una población conocida por su tradición industrial y por encontrarse muy próxima a las playas de Santa Rita y Porto Novo.

Dejamos atrás Maceira para seguir por la M651-1, una agradable carretera secundaria que vuelve a acercarnos al océano Atlántico. El trazado es sencillo y el firme se encuentra en muy buen estado, permitiendo disfrutar de una conducción relajada entre pequeñas urbanizaciones costeras, zonas residenciales y campos abiertos.
Muy pronto pasamos junto a la Praia de Santa Rita, una de las playas más conocidas de esta parte de la costa portuguesa. Si el tiempo acompaña, merece la pena detenerse unos minutos para contemplar el Atlántico o simplemente disfrutar del ambiente marinero que caracteriza esta zona.
La carretera continúa bordeando el litoral mientras atravesamos localidades como Santa Rita y Orjariça. El paisaje alterna viviendas bajas, pequeños alojamientos turísticos y tramos donde la cercanía del mar se hace evidente por la brisa y la vegetación característica de la costa.
A medida que nos aproximamos a Póvoa de Penafirme, la circulación aumenta ligeramente debido a la presencia de varias urbanizaciones y accesos a las playas, aunque el recorrido sigue siendo cómodo y sin dificultades.
Este tramo concluye en Póvoa de Penafirme, donde enlazaremos con el siguiente tramo para continuar descubriendo el litoral portugués.

La N247 nos conduce ahora por uno de los sectores más animados de la costa oeste portuguesa. La carretera conserva un excelente firme y un trazado muy sencillo, atravesando una sucesión de núcleos urbanos donde conviven residentes, surfistas y numerosos visitantes atraídos por las playas de esta comarca.
Durante el recorrido pasamos junto a Santa Cruz, una de las localidades costeras con mayor ambiente de la región. Sus amplias playas, el paseo marítimo y la oferta de restaurantes y cafeterías la convierten en un excelente lugar para hacer una pausa, especialmente durante los meses de verano.
A medida que avanzamos hacia el sur dejamos atrás varias urbanizaciones y zonas comerciales. La circulación puede ser algo más intensa que en los tramos anteriores, aunque la amplitud de la calzada permite mantener una conducción cómoda y fluida.
Con más de350 kilómetros recorridos, comenzamos a entrar en la recta final de esta larga etapa. Ya queda atrás la mayor parte del recorrido y el Atlántico continúa acompañándonos muy de cerca.
El recorrido termina en Silveira, una población costera conocida por sus playas y por ser uno de los destinos vacacionales más populares del municipio de Torres Vedras, desde donde continuaremos nuestra ruta hacia el sur.

La carretera continúa siguiendo la costa portuguesa por la N247, alternando pequeños núcleos urbanos con largos tramos abiertos en los que el Atlántico nunca queda demasiado lejos. El firme se mantiene en buen estado y la vía es relativamente ancha, permitiendo disfrutar de una conducción fluida, con curvas amplias y un ritmo relajado.
A medida que avanzamos, el paisaje combina campos de cultivo, suaves colinas y zonas residenciales dispersas, mientras la brisa marina acompaña buena parte del recorrido. En algunos puntos el olor a sal llega con claridad y, cuando el tráfico disminuye, el rumor del océano se deja notar a pocos metros de la carretera, recordándonos que estamos recorriendo uno de los litorales más atractivos de Portugal.
La ruta atraviesa localidades como Santa Cruz y continúa junto a las playas de Santa Rita y Porto Novo, dos arenales muy apreciados por los surfistas y por quienes buscan disfrutar del océano con un ambiente mucho más tranquilo que el de otros destinos turísticos. La carretera invita a rodar sin prisas, disfrutando del contraste entre el azul del mar y el verde del interior.
Los últimos kilómetros se desarrollan entre pequeñas urbanizaciones y campos abiertos hasta alcanzar Baleia, donde concluye este largo tramo costero.

La etapa termina aquí. Ahora toca cambiar el casco por la tranquilidad del descanso. Introduce en tu móvil o GPS el alojamiento que hayas elegido y sigue sus indicaciones. En pocos minutos llegarás a tu destino, donde te espera el merecido final de una intensa jornada de carreteras, paisajes y experiencias.
